Ahondamos en la nueva exposición sobre la cultura techno y la pista de baile de La Casa Encendida

 

A lo largo de sus veinte años, La Casa Encendida, ubicada en el corazón madrileño, siempre ha apostado por incluir en su programación actividades y proyectos relacionados con la música electrónica. Con proyectos y ciclos como She Makes Noise, Electrónica en Abril, pasando por Experimentaclub o La Terraza Magnética, siempre se ha ofrecido un espacio para los beats, los sintetizadores y la experimentación artística en torno a la electrónica.

Este otoño marca el continuo de YOU GOT TO GET IN TO GET OUT, una investigación llevada a cabo por Sonia Fernández Pan y Carolina Jiménez que empezó en 2018 y ahora culmina y se expande hacia una exposición, performances, talleres, un libro de autoría colectiva con diferentes ensayos críticos, una radio mensual de podcasts, un ciclo de cine y sesiones de música en directo que ya están desarrollándose y puedes visitar hasta el 9 de enero de 2022.

Además de visitar la exposición y asistir a parte de su ciclo de conciertos y proyecciones, tenemos el placer de sentarnos (en remoto) para hablar con las comisarias del proyecto y descubrir aquellas inquietudes o ambiciones que han dado como resultado un proyecto donde se pone en valor la propia experiencia, la dimensión sensorial y las distintas sinergias que fluyen y confluyen en el techno. 

BPMs que han evolucionado y revolucionado la política, la sociedad y la resistencia de los pasados, presentes y futuros de distintos sistemas socioculturales y económicos a lo largo y ancho del globo.  

Autora: Helena Bricio
Fotos: Bego Solís

La primera pregunta que recorre mi mente cuando pienso en el techno es si realmente la pista de baile nace o se hace. ¿Cómo surgen las pistas de baile? ¿De dónde emergen? YOU GOT TO GET IN TO GET OUT se presenta como un espacio de entendimiento donde la pista de baile no se representa, no reivindica su silencio pandémico, tampoco nos lleva de excursión hacia un pasado nostálgico, y tampoco nos empuja hacia un futuro apocalíptico. La exposición no funciona como un marco teórico de conocimientos enciclopédicos sin experiencia sensorial, sino que atrapa lo que ya existe y lo cuestiona, lo amasa, lo sinergia y vuelve a soltarlo. Como el techno, la exposición atrapa y libera, recordándonos, accidentalmente o intencionadamente, que no deja de ser un espacio de resistencia y escucha que se escapa de los márgenes; “el proyecto comienza en las experiencias de cada una de nosotras en numerosas pistas de baile a través de las músicas techno y los diferentes conocimientos acumulados en un tránsito y remix continuo”, señalan Carolina Jiménez y Sonia Fernández Pan.

Entro.

Al entrar en la primera sala de la exposición soy consciente de cuán cerca estaremos de lo sensitivo, y observo con ternura unas barras de acero que me transportan directamente a unas emociones relacionadas con los suburbios y a unos márgenes periféricos que se comprenden en base a la experiencia. Umbral (Flight Jacket) de Paula García Masedo configura un espacio reconocible, donde las chaquetas militares tipo bomber establecen puentes entre lo comercial y la resistencia militar, que me lleva a pensar cómo ciertas políticas de acceso a clubs deciden si pasas de esas vallas o no dependiendo de la moda que sigas en ese momento. En tan solo cinco palabras “esta noche no entras, siguiente” las más de tres horas que has aguantado estoicamente en la cola se esfuman de golpe como un impredecible megatrón que nubla todo tu entorno. Lo más duro de quedarte fuera, sin duda, es ver esas vallas convertidas en una especie de juicio final a la amistad mientras dices adiós con la mano a tus amigas. Quizá la semana que viene entres, cuando lleves la chevy.

Sin embargo, cuando hablo con Carolina y Sonia, parece que durante un tiempo hemos escondido pertenecer a ese mundo e incluso hemos sentido que aquello que se teorizaba no estaba relacionado con la realidad y la experiencia. “Cuando me preguntaban en el doctorado que había hecho el fin de semana yo decía “me he ido al bosque…” (risas)” comenta Sonia, quien hablando de cómo la institucionalización del techno protege que se entienda como cultura, reflexiona también sobre aquello que se pierde con esa institucionalización: “la escena son personas que hacen cosas pequeñas […] que no pueden tener un club con vallas porque tienen que estar montando y desmontando el lugar […] yo sentía que lo que se escribía e intelectualizaba sobre el techno o de cultura de baile era de gente que no bailaba, que no sabía, sentía que protegerlo era no hablar de ello desde lo intelectual o académico […] como también protegíamos las raves ilegales sin hablar de ellas.” 

Carolina también reflexiona sobre estas contradicciones que plantea la escena del techno, en la que, por un lado, surgen fiestas clandestinas en los márgenes; y por otro lado, otras con unos objetivos más comerciales en las que la pasión que las mueve quizá se aleja de la pasión por la música; y cómo esto no escapa de otras disciplinas artísticas y cuestiones culturales. De esta forma, sin salir de esa primera sala de la exposición, veo como la escultura Gran Bal de Lucía C.Pino emerge como un club clandestino configurado a su vez como un espacio íntimo. En ella se ponen de manifiesto las distintas escalas donde sucede el techno, sus resistencias y disidencias: cuanto más pequeños son estos espacios, sus comunidades tienden a ser más inclusivas e intensamente activas.

Salgo. Entro.

En la siguiente sala me ofrecen unas gafas 3D para sumergirme en la psicodelia de Nightlife de Cyprien Gaillard, cuyo hilo narrativo se separa en cuatro capítulos que conectan la historia colonial que forma parte de las ciudades de Cleveland, Los Ángeles y Berlín. El bucle constante de un fragmento de una versión de ‘Black Mans World’ de Alton Ellis me hipnotiza y me facilita adentrarme en el pulso constante de un enebro que golpea la infraestructura de una zona industrial de Hollywood, en una especie de danza ritual que me recuerda al movimiento sincrónico de las pistas de baile mas industriales. Es en este punto cuando me doy cuenta de la importancia de la escucha, ya que la frase original de la canción se ha sustituido por “I was born a winner” (nací ganador). Recuerdo así mi conversación con las comisarias y sus reflexiones acerca de la teoría de la escucha.

Carolina habla sobre el libro de la exposición, que se puede adquirir en La Casa Encendida, y sobre cómo durante los años de la investigación del proyecto ha comprobado que “hay teóricos de la escucha que han renunciado a escuchar, que no escuchan […] hay gente que ha hecho tesis doctorales sobre las raves y nunca se ha comido una pastilla y ha ido a una rave” algo que se convierte en una pieza fundamental de esta rama del proyecto y que ha culminado en que sean los DJs y aquellos que se dedican, pertenecen a la fiesta y la entienden desde dentro, quienes son entrevistados para esta publicación. De esta manera, los testimonios y experiencias de Svreca, Cio D’Or Magui Dávila nos aportan su propia visión sobre la teoría de la escucha desde el realismo, desde unas experiencias sensoriales y emocionales que atraviesan la mirada de personas pertenecientes a esta escena. 

Salgo. Escucho diferentes beats y melodías bajando las escaleras… ¿estoy en un club? Entro. 

Una cortina negra me separa de una sala completamente oscura en la que asciende una pasarela noise que da lugar a un baile repetitivo de tensión eléctrica y cargas lumínicas. Dark Ages de Alona Rodeh indaga desde el espacio instalativo en los usos culturales de la luz y de la oscuridad, así como en las tecnologías de iluminación en infraestructuras públicas (servicios de emergencia, pistas de aeropuertos…). La sensación que percibo en la sala me transporta al infinito pasillo de la entrada de Tresor y su repetición lumínica que te conduce hacia la primera sala en la que el sonido ensordece. El juego de luces y sombras de la habitación me evoca conexiones entre las luces y las sombras de lo que nació como contracultura, de la estigmatización de las culturas electrónicas en una España de la Transición, y también de cómo distintas investigaciones han tratado de teorizar esta historia del techno España desde distintos prismas. Durante la conversación que tuve con Carolina y Sonia hablamos también de esa “nostalgia de fiesta antigua” y de la perspectiva de la electrónica nacional; de los comienzos de sellos como Apnea, CMYK, el nacimiento de Plus8, Specka o Soma y del emerger de sellos situados, en música y concepto, como Semantica. ¿Cómo es posible que este patrimonio material e inmaterial se haya valorado más fuera de España que en los territorios donde nació?

Nos trasladamos también a la importancia que cobran las infraestructuras públicas en toda esta cultura de club, incluso las salas efímeras que surgían en cada vehículo que hacía la ruta en Valencia, y de cómo una escena techno alejada de los centros neurálgicos de las metrópolis procuraba un “carretera y manta” para llegar desde Bacarra a ver a un Jeff Mills en Pontecesures. No había stories, no había redes, no había promoción y aún así DJs de Detroit pasaban por ciudades como Lugo, comentaba Sonia, mientras observábamos los mecanismos de publicidad de estas fiestas, en las que se recibía la información de la siguiente fiesta con flyers repartidos en la que acababas de asistir. Un enjambre de apasionados y apasionadas cuya socialización se creaba en torno a la abeja reina que estaría en cabina el siguiente fin de semana, una familia de desconocidos que se sentía como el salón de tu casa.

YOU GOT TO GET IN TO GET OUT ofrece también una parte formativa en torno a estas periferias, a la transversalidad en la música electrónica y los espacios del techno, así como las diasporas y sus influencias en la escena. Estos pilares conducen el curso “After afterglow, tras el resplandor crepuscular” coordinado por Paula García-Masedo y con la colaboración docente de Irene de Andrés, Deforrest Brown, Jr., Sonia Fernández Pan, Néstor García, María Langarita, Pol Esteve Castelló, Carolina Jiménez, Brandon LaBelle y Julia Ramírez-Blanco.

Salgo. Entro. Me siento y descanso. Escucho de nuevo. 

Percibo durante toda la exposición la importancia de la escucha activa, del entender al otro y del experimentar mediante la atención acústica. En la sala en la que me encuentro ahora me puedo relajar en unos cojines en el suelo mientras escucho la voz de Octavia Butler, DJ Spooky o Juan Atkins, entre otros, hablar sobre las relaciones entre la cultura panamericana, la ciencia ficción y los viajes intergalácticos que se dan en la pieza audiovisual The Last Angel of History de Jon Akomfrah. ¿Cómo la historia del techno ha llegado a dejar de lado en algunas ocasiones su pasado en las comunidades negras? ¿Cómo hemos podido llegar a teorizar desde lo occidental una música que reivindicaba espacios y derechos, e incluso añadir términos como “Inteligent” a la Dance Music¿Cómo se ha llegado a olvidar que es el hip-hop el primer género que usa el vinilo como instrumento?

BLACK AUDIO FILM COLLECTIVE, JOHN AKOMFRAH, THE LAST ANGEL OF HISTORY, 1995, SINGLE CHANNEL COLOUR VIDEO, SOUND, 45 MINUTES 7 SECONDS

¿En qué momento desde la propia escena se ha dejado de hablar de lo que hacen otros? ¿Ha caído lo colectivo en un efecto yoyo que basa su identidad en la propia autorepresentación? Cuando planteábamos estas cuestiones en nuestra conversación remota, Sonia relataba también como “se habla mucho de escena y de lo colectivo […] pero cuando ves cómo la gente habla, parece que ha llegado sola a los lugares […]. A mi me da pena, me falta la escena, la práctica de la escena… Me faltan músicos, DJs en femenino o no femenino hablando de lo que hacen otras.”

Salgo. Entro.

Los beats pulsantes de Thomas Brinkmann en ‘Yvette 1’ hacen vibrar el suelo de la que creo que es la última sala de la exposición, mientras una luz blanca se proyecta en una pared para dar paso a una serie de mensajes que abordan las cuestiones anteriores. Mikrohaus… or the Black Atlantic? de Tony Cokes plantea una serie de entrevistas desde el lado más groovy de la pista de baile. El proyecto está inspirado en la obra del crítico musical Philip Sherburne, quien para describir la sinergia entre el minimal techno y el house empleó el término ‘Micro House’; la sala se convierte así en una pista de baile donde el texto proyectado reflexiona sobre el consumo de las expresiones culturales pop afro y su reinterpretación para el consumo de masas. Podemos leer también entrevistas con productores techno de Alemania contextualizadas por comentarios de artistas techno de Detroit, en las que las frases retumban y resuenan:

“Los chicos del Techno parecían encontrar la apelación feminista “House” demasiado peyorativa para soportarla, como si suavizase el impacto de sus bandas sonoras martilleantes. Y los “Househeads” no veían por qué era necesario el “Tech-“, ¿acaso no era todo música House?” ¹

El continuo de YOU GOT TO GET IN TO GET OUT se discute también desde Luces en la Noche, un ciclo de producciones comisariado por Enrique Piñuel en el que pude disfrutar de cómo enfrentamos las diferentes relaciones socioculturales desde una coreografía infinita en una pista de baile imaginaria en Si c’était de l’amour de Patric Chiha. 

Por último, reflexiono acerca de los futuros de las pistas de baile atravesadas por las condiciones actuales y los impredecibles contextos a los que nos enfrentamos. Asisto también al concierto de Laura BCR, donde la pista está llena de butacas para disfrutar desde la escucha y el plano corpóreo queda (de momento) pausado. Los paisajes sonoros y la melodías drone conducen a quien está en la sala hacia espacios repetitivos y liminales durante una hora, para terminar en una elevadora y pulsante melodía techno que señala que es el fin de la sesión. Y para mi, el fin de la exposición. Me arrepiento de no haber visto las performances que sucedieron en octubre en La Casa Encendida, quizá en una lucha contra este persistente Fear Of Missing Out² que tanto nos persigue en la actualidad. Prefiero pensar que esto no termina, que solamente he disfrutado una parte de este continuo sonoro al que pertenecemos y nunca acaba. 

¿Salgo o entro?

Puedes escuchar a Sonia Fernández-Pan y a Carolina Jimenez detallando más información sobre la exposición en la siguiente entrevista:

YOU GOT TO GET IN TO GET OUT seguirá en La Casa Encendida hasta el 9 de enero. Encontrarás más información sobre conciertos y actividades en este enlace. 

1. Traducción de la autora. Original extraído de “Mikrohaus… or the Black Atlantic?” de Tony Cokes: “Techno types seemed to find the feminizing “House” apelation too pejorative to bear, softening the shock of their jackhammer soundtracks. And Househeads didn’t see why the Tech- was necessary at all, wasn’t it all just House music?”

2. El síndrome FOMO (siglas de ‘fear of missing out’) está asociado a la tecnología y las redes sociales, es una patología psicológica descrita como «una aprensión generalizada de que otros podrían estar teniendo experiencias gratificantes de las cuales uno está ausente».​ Este tipo de ansiedad social​ se caracteriza por «un deseo de estar continuamente conectado con lo que otros están haciendo».


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